Sangre: Transfusión de vida

Por Matilde Morales Betancourt

Cuatro meses después de enfrentarme a una inesperada cirugía, ocasionada por una trombosis mesentérica venosa, –ahora tengo 80 centímetros menos de intestino delgado-, me vi de nuevo en un proceso quirúrgico. ¿La razón? La operación anterior fue de emergencia y el médico no reparó en acomodar perfectamente el intestino, lo que me ocasionó una oclusión intestinal.

Luego del primer evento, causado por un trombo, los médicos determinaron que debía, a partir de entonces, tomar un anticoagulante diario para adelgazar mi sangre y prevenir así un nuevo trombo. Esto, debido a que los análisis indicaron que nací sin una de las proteínas que hace que la sangre no se coagule o no sea tan espesa, lo que me ocasiona hipercoagulabilidad. Por ello, para realizarme la segunda cirugía, debían, -además de tomar un gran número de medidas preventivas- transfundirme sangre porque al estar anticoagulada corría el riesgo de desangrarme.

Cuando el médico me dijo que me iban a transfundir sentí terror. Jamás me había puesto a pensar en la importancia de este líquido vital. Ahí la tenemos, la sangre siempre corre por nuestras venas y nunca, nunca reparamos en el papel que juega en nuestra vida. En realidad, es la vida misma.

 

donar

Ahí comenzó la odisea. Primero, mi esposo estaba muy triste porque pensaba –gracias a los mitos- que él no podría donar sangre por tener tatuajes. Nada más lejano de la realidad… Todo, siempre y cuando te hagas los tatuajes o piercings en lugares higiénicos y lleves más de un año de habértelos realizado. Mi esposo goza de una excelente salud, a él le hicieron los exámenes y pasó la prueba. Pudo donar sangre y eso lo hizo, dentro de la preocupación, un poco, feliz.

Pero la historia apenas comenzaba. Me tuvieron que transfundir diez litros de sangre y por cada litro debes conseguir –tú como enfermo o tu familia- un donante. La tarea parece fácil, pero no lo es tanto. Además de verme en cama y conectada a mil aparatos, yo no puedo imaginar lo que mi esposo sentía y si tenía la cabeza para conseguir un alma caritativa que donara sangre. Los cuales finalmente se consiguen, pero muchos no cumplen con los requisitos y eso hace aún más complicada la situación. Aquí los requisitos que debes cumplir para ser donador:

Tener entre 18 y 65 años, peso mínimo de 50 kilogramos y 1.50 metros de estatura, no estar embarazada, menstruando, lactando, no haber padecido hepatitis después de los 11 años. Debe haber transcurrido: De la vacuna antirrábica 1 año, de la vacuna hepatitis 6 meses, de la vacuna triple viral 28 días, de la vacuna del tétanos 28 días, de la vacuna anti-influenza 28 días, no ser hipertenso, diabético y/o enfermo del corazón, no tener tatuajes, perforaciones o acupuntura de menos de u año realizados, no ser adicto a drogas por vía intravenosa, no presentar síntomas de infección aguda (tos, gripa, escalofríos, fiebre), no tener endodoncia dentro de los últimos seis meses, someterse a un examen médico y de laboratorio, en el mismo banco de sangre, más los requisitos que la institución tenga a bien agregar.

Si los revisas bien, te darás cuenta que muchos pueden pesar menos de 50 Kg., otros estar agripados, hay quienes tuvieron hepatitis u otra condición que no les permite ser donadores. En fin, la lista puede ser larga, de ahí lo complicado que resulta conseguir donadores. Pero de esto no te das cuenta hasta que pasas por una situación que te obligue a estar consciente de ello, tal fue mi caso. Actualmente no puedo donar porque tomo anticoagulantes, pero tengo clara conciencia de la importancia de ser donador. Puedes salvar vidas. Yo le debo la mía, en parte, a diez almas caritativas que, sin pensarlo, acudieron a donarme su sangre.

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Campaña Dona sangre, no dinero, de la Cruz Roja Australiana

Me hicieron las transfusiones y mientras entraba la sangre a mi cuerpo, no sabría decirles a ciencia cierta qué sentía. Mi curiosidad rebasaba los límites. Me intrigaba saber de quién era, leía su nombre en la etiqueta y quería tener a esa persona enfrente para darle las gracias –porque aunque uno consiga a sus donadores no es su sangre la que te transfunden- es la de otros donantes, lo que convierte a la donación en una cadena. Me intrigaba el color de la sangre, morada casi negra, o cuando me inyectaron el plasma, la parte líquida de la sangre –de color amarillo, ¿quién lo imaginaría?, que representa aproximadamente un 55% del volumen sanguíneo total, el cual consta principalmente de proteínas y minerales, ingredientes esenciales para el correcto funcionamiento del organismo. En fin, esta experiencia fue todo un descubrimiento.

Hoy, gracias a esas transfusiones logré soportar y superar la segunda operación, además gozo de una mejor calidad de vida. Lo que entonces me pareció un absurdo fue que, a pesar de que tú como enfermo lleves a tus donadores, el banco de sangre te pase una costosa factura. Pero luego entendí, que gracias a ellos, quienes se encargan de examinar la sangre de los donadores, puedes estar seguro que la que correrá por tus venas estará "limpia". Así que, hoy más que nunca, creo que cada peso que se pagó valió la pena, porque más allá de cualquier interés la donación de sangre es una transfusión de vida. Por ello, si puedes, y como dice el lema de una campaña, Dona sangre, no dinero. Alguien, en cualquier parte del mundo, te lo va a agradecer.

Mayo 2009

 


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