El aviador

Por Luis Mac Gregor Arroyo

Tratar de desentrañar la vida del multimillonario estadounidense Howard Huges en sus años de mayor lucidez, es lo que intenta el director Martin Scorsese en su última entrega: El aviador.

Un largometraje con una duración de casi tres horas aclamada por la crítica europea y estadounidense, al grado de conseguir las nominaciones al Oscar por la mejor película, mejor director, mejor actor (para Leonardo Di Caprio) y mejor guión original (para John Logan), entre otras.

Tantos reconocimientos hacen a muchas personas preguntarse si este director de la Unión Americana, que nunca ha conseguido un Oscar, por fin será reconocido con ésta: la más rimbombante de la cinematografía.

Los buenos deseos, sin duda, se han contagiado entre el público que ha podido comprobar la capacidad de este artista del cine con anterioridad en películas tan destacadas y originales como Después de hora (1986), La última tentación de Cristo (1988); históricas como su filme anterior: Pandillas de Nueva York (1989), y otras que indudablemente ya han dejado un sello permanente en la historia del séptimo arte como Taxi Driver (1975) y Toro Salvaje (1980). Probablemente este 27 de febrero también el jurado encargado de entregar la codiciada estatuilla se deje llevar por ese impulso de hacer justicia a uno de los máximos exponentes en materia de películas, pero hasta ahí.

La decisión de quienes son los premiados en los oscares, como es por muchos sabido, se mueve por intereses que no siempre van de la mano con la promoción de lo mejor del cine hollywoodense y el de otras latitudes. Si Scorsese es reconocido por sus compatriotas esta vez, se deberá al deseo de quererse quitar la espina de seguir ignorando su importante trayectoria como realizador, mas no por ser El aviador uno de sus mejores trabajos.

El aviador, en efecto, hace referencia a los años de Howard Huges (Leonardo Di Caprio) como productor cinematográfico, como importante jugador en la industria de la aviación de su país, como el hombre capaz de enfrentarse al imperio de Pan Am encabezado por Juan Trippe (Alec Baldwin), como playboy consiguiendo empatía -aunque fuera temporal- con Katharine Hepburn (Cate Blanchett) y Ava Gardner (Kate Beckinsale), y como un luchador capaz de vencer sin medicamentos apropiados el constante acoso de su trastorno obsesivo compulsivo, que lo llevaría incluso a aislarse de la gente durante varios días en una sala de proyección de su propiedad.

Pero mostrar los pormenores de una de las mejores etapas de la vida de uno de los millonarios más polémicos de la historia contemporánea con profesionalismo, impecabilidad técnica y un distinguido elenco de actores -aunque no el mejor-, sólo hacen sentir al espectador al salir de la sala que vio una película impecable, pero algo "plana".

A Scorsese le faltó el vigor mostrado en Pandillas de Nueva York donde uno se siente atrapado desde un principio por los personajes y la atmósfera de enfrentamiento entre las pandillas en disputa, la cual se podría equiparar en El Aviador, por la lucha constante entre Howard Hughes por conseguir sus propósitos y luchar contra su enfermedad.

El papel le quedó demasiado grande a Di Caprio, Blanchet por su parte asombra y como en todos los filmes del momento Jude Law también hizo su aparición, aunque en un papel minúsculo. Ojalá a Law le reditúe el experimentar en una y otra película para que no sólo sea famoso sino también un excelente actor.

Si se está interesado en saber sobre la vida de un hombre muy desahogado que tiene una vida llena de facetas, vale la pena verla, sino bien podría ir a ver Llevados por el deseo, todavía en cartelera. En cuanto a Scorsese al menos le deberían de dar un Oscar honorario por su trayectoria, se lo merece.

El aviador (The aviator, Estados Unidos, 2004) de Martin Scorsese, con Leonardo Di Caprio, Cate Blanchett, Kate Beckinsale y Alec Baldwin. Duración 170 minutos.


Febrero 08 de 2004