La diva en rosa

Por Diana Luz Oliva Cárdenas

Y la noche del 13 de julio se pintó de rosa, se adornó de música, se colmó de carcajadas y se aderezó con reflexiones de nuestro ser… Era la noche de Regina Orozco, sus 35 años de carrera y un nutridísimo grupo de convidados que asistieron al festejo.

Tras una leve espera, a las 21:15 se levantó el telón del teatro Metropolitan, los músicos estaban del lado izquierdo del escenario y por fin salió a cantar… ¡la cabeza olmeca! Asombrosamente, de su boca salían las notas de México lindo y querido y las risas estallaron ipso facto (habría que reconocer que su voz está muy bien conservada pese a la edad). Instantes después, tras la trovadora efigie, apareció la verdadera dueña de la voz: Regina.

Así empezó el espectáculo musical, también el teatral, también el de cabaret y también las lecciones de historia patria color rosa mexicano… ¡faltaba más! Al cabo que Regina da para eso y más.

Tras la sorpresiva entrada, y para dejar ver la calidad de la garganta, la anfitriona puso en práctica los alcances de su educada voz entre Lejos de ti y un sacrificio humano.

Acto seguido, un video enumeró las distintas castas de la Nueva España, cuestión que sirvió, más que de repaso de las clases de historia, para balconear la ignorancia de más de tres cuando se reían a carcajada batiente de algunos nombres, como Salta pa’tras o Tente en el Aire. Por supuesto que Regina no perdió la oportunidad de hacer bromas y pícaros juegos de palabras. Pero también, de paso, les dio un rasponcito a los que se rieron durante el video: “Por cierto… los nombres son reales. Lean un poquito…” ¡Zaz! ¿Alguien quiere algodón y tantita agua oxigenada?

La etapa colonial estuvo bajo los acordes de Un mundo raro y la trágica historia de Delgadina, dibujada en viñetas textiles por el gran monero Ahumada y mostrada, a manera de presentación multimedia de la etapa colonial, en el zagalejo de su amplio vestido estilo virreinal.

Entre la Independencia y el “¿ahora qué hacemos como país?” nada mejor que unos tragos de tequila y Pa’ qué me sirve la vida; quizá, así se sintió la Patria al quedarse sin la tutela peninsular… Bueno, es sólo una hipótesis.

Unos cuantos tragos después apareció La borrachita… Versión revolucionaria de una Rapunzel que empieza en Regina y arrastra en el otro extremo… ¡a la propia Regina!

Y ya instalados en la tristeza, por qué no seguir con Cucurrucucú paloma, Paloma negra y Paloma querida sin más compañía que la de un maguey al lado para libar directamente de él su mexicanísimo elixir, ¿para qué quiere uno la botella si ahí está la fuente? Ese mismo maguey, en una parte de la interpretación se transformó en vistoso atuendo sobre la humanidad de la intérprete: “¡Un homenaje a Astrid Hadad!”.

No obstante, el verdadero homenaje vino enseguida en un video con la Canción Mixteca de fondo. Distintas imágenes mostraban la azarosa vida de los migrantes: de los que lo intentan, de los que atrapan, de los que se quedan, de los que desaparecen, de los que mueren, cuya cuenta sigue y sigue…

Posteriormente, tras un conteo somero, el cálculo rápido de pimentosos porcentajes y la confesión de una que otra travesura, llegó a la conclusión que de 6 mil millones de habitantes en el mundo, tal vez entre 5 ó 6 personas pueda estar su pareja ideal, pretexto perfecto para cantar Alma mía.

Luego de otro cambio de vestuario, se aprestó a interpretar Nunca, entre un “baño” de jugo y la imposibilidad de poder morder una naranja.

Para subir el ánimo tras algunas referencias políticas pasadas y presentes, Regina se dio vuelo cantando Aires del Mayab y zapateando alegre y desbalagadamente.

Tras recuperar el aire y las fuerzas después del zapateado, brincamos al tema de la muerte ilustrado por una canción que más que tristeza, mostraba curiosidad, ya que “algo debe tener de bonito la muerte porque nadie ha regresado”.

Canturreando una versión muy particular del Himno Guadalupano… ¡la Guadalupana, pues!, la propia Regina se convirtió de pronto en la carita del ángel de la luna que sostenía a una enorme virgen, angelito que dejó más que claro que en el cielo también tienen sus opiniones políticas. Y como ninguna mujer puede estar más cerca de Dios y con él hablar, pues nada mejor que Perfidia.

Ya para cerrar, Regina salió, enfundada en un vestido de noche, rosota mexicanote, por si hubiera quedado alguna duda, y guantes blancos a cantarle, desde el fondo del alma, a la patria bien primorosa y recordarnos una vez más que México siempre será lindo y querido.

Como el público no podía dejarla ir así nada más, le solicitó el encore… perdón, estamos en México… corrijo: el público no podía dejarla ir así nada más y le pidió la ¡otra, otra, oooootra…! Entonces, para que todos se fueran con un gratísimo sabor de boca, nuevamente Perfidia, esta vez, sola, sin virgen, pero con una garra y feeling admirables. A fin de cuentas, para eso están hechas las divas.